DCode Festival. Universidad Complutense. Madrid (24 y 25 junio 2011)

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Giu 26 2011, 18:29

Vie 24 Jun – Dcode Festival
Fotos, setlists y más cositas en
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¡This is realy happening! ¡Es verdad! ¡The Hives en el escenario! Aaaaah. Arrase absoluto. Tienen a gala ser la mejor banda de rock y aunque seguramente sea una fanfarronada, lo cierto es que en directo hay muy poquitos como ellos. Energía descocada, pulsaciones a mil, lograron lo que parecía imposible: que hiciera más calor en la Complu a las diez de la noche que a las cuatro de la tarde. Y ojo, porque se pasaron los cuarenta grados. Una fiesta total, simplemente gracias por venir. Si la jornada del viernes coronó a Eels y Band of Horses, la del sábado tiene unos ganadores claros y vienen del frío sueco.

Verdad también es que Kasabian encendieron al personal encadenando hits, pero lo de los Hives se escapa al raciocinio porque es una locura. El suelo es cesped pero por momentos cuesta respirar de la polvareda que estamos levantando, la cerveza vuela sobre nuestras cabezas, saltamos unos sobre otros. Más y más, yo quiero más y más. Eso mismo opina Pelle desde el escenario, empeñado en sacar lo mejor de una audiencia ya de por sí fuera de sus casillas. No para de corretear, se va por un lado y regaña al público que está esperando a la siguiente actuación en el escenario de al lado por no estar atendiéndoles. No hay nada mejor que vernos a nosotros, vamos, venid, que no tenga que ir yo a por vosotros.

La próxima vez que me hagan una encuesta preguntando con quien quiero irme de cañas les responderé que me dejen de políticos y deportistas españoles, que yo quiero que Pelle venga a la ciudad. Porque con tipos como él las cosas suben a otro nivel. Efectistas, emplean un montón de truquitos para gustar al personal: que si ahora nos sentamos todos, que si ahora aplaudimos, que si repetid el oeoeoe ese tan bonito de antes... el directo de The Hives es lisérgico, laxante y lavativo. 'Tick Tack Boom' o 'Hate To Say I Told You So' son bombas de directo. Había expectativas altas y, por una vez y sin que sirva de precedentes, se cumplieron sobradamente. El sudor que nos cubre y las zapatillas que arden son nuestro mayor orgullo.

Sudor que nos acompañó a todos durante todo el día. No éramos muchos los que a eso de las cinco de la tarde deambulábamos por el recinto mientras Mucho daban cañita desde el escenario. Manel salen poco después y sudan a mares, como no puede ser de otra manera con su pop mediterráneo. El que mejor se lo pasa en este festival es el tipo que riega al personal con la manguera. Se ríe, se descojona, está disfrutando empapando a la chavalería. Me da envidia, yo quiero ser él y empaparos a todas y cada una de vosotras mientras bailais en plan Carmen Maura en La Ley del Deseo. Y ya que nos estamos entonando, vamos a meternos en el universo carnal y sexual de Havalina.

La música de los madrileños es nocturna, agobiante, aplastante, pero al escucharla en una carpa a 40 grados a las seis de la tarde adquiere un pegajoso nuevo matiz bastante interesante. Tan contundentes como siempre, dieron un concierto de intensidad incomparable. 'Incursiones' sonó como una pedrada en la cabeza a traición. Una pena para los que no os acercásteis al escenario pequeño para verles. Claro que al mismo tiempo comenzaron a tocar Jamaica, muy divertidos, pero los rigores del calor, los excesos de la jornada anterior, y la edad, que no perdona, hicieron que prefiriéramos verles desde la distancia rapiñando sombrita.

Javiera Mena convocó a un numeroso público también en el escenario 2.0. Miembros de Havalina y Mucho curioseaban por allí. Esta chica está muy de moda entre la independiencia patria más podernilla y lo cierto es que tiene su aquel. Pero nos cambiamos una vez más, ya estamos otra vez colgados del telefonito de las narices tratando de unir al personal. En el camino siempre hay tiempo para encuentros inesperados. Estamos los mismos de ayer pero más. Más en general, pues se nota que hay más público. Un público que se lo pasa pirata con Blood Red Shoes y que disfruta mucho con el pop ramoniano de los Vaccines. Están bien pero ¿y si no son más que el enésimo hype británico? Bueno, ahora están aquí, ya pensaremos luego en el futuro.

Los siguientes en orden son los Hives, de quienes ya hemos dicho cositas así que pasamos directamente a The Ting Tings, a quienes vemos desde la distancia de nuevo, más que nada porque estamos en la barra pidiendo copitas para mantener el subidón. Lo vaticino, en cualquier caso, pues ya me voy conociendo: ahora estoy muy arriba, en tres horas puedo estar durmiendo en el cesped. Hay que mantener esto como sea, de modo que nos acercamos un poquito más al escenario y bailamos con canciones tan para eso como 'Great Dj', 'That's Not My Name' o 'Shut Up and Let Me Go'.

El ambiente es inmejorable cuando llega el turno de Kasabian, que también triunfan, más que nada porque suenan perfectos y porque tienen canciones tan enormes como 'Club Foot' o 'Underdog', por citar un par. Rock de estadio o, en este caso, de festival, ideal para fliparlo ahora que ya se puede respirar gracias a la llegada de la noche. Tras su actuación lo malo es que ya notamos cómo bajamos a toda velocidad, así que mientras The Sounds suenan en la distancia ponemos pies en polvorosa, no sea que terminemos dando el espectáculo. Es la energía de los Hives la que aún nos mantiene vivos con las fuerzas justas para ponernos a salvo. Dios salve a la reina sueca.


RETOMAMOS LA CRÓNICA DEL PRIMER DÍA, VIERNES 24

Fue en un chalet en Colmenar Viejo cuando después de diez horas de fiesta mi amigo Mikel, que por fin regresa a Madrid después de años de exilio barcelonés, hizo una de esas genialidades que no se olvidan. Estábamos ya atorados con un par de canciones, una de los Von Bondies y otra de New Found Glory. Esa, con esa es con la que el colega agarraba los altavoces, se colocaba uno a cada lado de la cabeza y subíamos la música hasta que sencillamente no se escuchaba nada. La saturación era tal que encontrábamos el silencio. En realidad sí se oía, pero había pitidos, acoples y de todo. Cerveza en mano y con gesto triunfal, nuestro adorable pringao se levantaba (porque para hacer esto había que arrodillarse) y al girarse la gracia era ver cómo luchaba por mantenerse en pie. No por el alcohol, que también, sino por los decibelios fuera de control.

Eso mismo nos sucedió ayer mientras veíamos a L.A. en el escenario pequeño, injusticia supina, del DCode. Y es que es divertido. Notas cómo te tiemblan las canillas, cómo algo te entra por un lado de la cabeza y sale por el otro. Eres literalmente empalado y te entra la risa floja. ¿Nos quitamos de aquí? Noooo. Ni se te ocurra irte, ven ven, mira, acércate más. Hay un segurata al lado de los amplis y no es casualidad. Menos mal que es una carpa y no da el solazo, porque cuando llegamos para ver a Nothink, los Foo Fighters españoles, eso era inhumano. Cuarenta grados y el personal sudando litros y litros. Una maravilla, vaya, para uno que es amante del ciclismo de sobremesa y de salir a pedalear según acaba la etapa del Tour. Y no, no me va a dar una muerte súbita de esas, mamá. Y si sucede habré muerto haciendo lo que más quería, como Goya la de La Que Se Avecina con sus croqretas. Es por eso que ando por el recinto y pienso, qué demonios, ¿y si soy feliz?

Eso justo me cuestiono mientras vemos a L.A., reitero, una banda con ínfulas de rock acústico pearljamero y que tiene un directo fabuloso. Su único álbum hasta la fecha, Crystal Clear, es muy majete. Sí, esa es la definición. Y por algún motivo repentinamente me vi con todos los pelillos de los brazos de punta y cantando eso de 'it's so hard to live without you'. Erizado me descubro en mi salsa y encima el tipo que tengo delante, que me molesta, que no me deja ver, resulta ser Dieguito, madre mía, qué feliz coincidencia, dame un abrazo. No voy a decir que fueran los triunfadores del festival porque es pasarse y no les corresponde ese honor por una cuestión de jerarquía, pero fueron momentos especiales para todos los que allí estaban, a la hora perfecta, con el sol ya no fustigando y la gente con muchas ganas de bailar, ya sabéis. Pero volvamos un momento atrás.

The Low Anthem, bien pero no pintan nada en un festival así a las cuatro de la tarde. ¿Por qué? Pues porque lo que consiguen es que la gente quiera tumbarse y dejarse morir al sol. Nothink, por contra (no llegamos a Toundra, ay), levantaron al personal desde el primer acorde. Mangueras regando a las primeras filas, esto parece un concierto de U2 en los ochenta, jo, qué guay. Tu obligación hoy y ahora es escucharles y enervarte. En España hay grandes bandas de todo tipo, necios, y Nothink son una de ellas. Rock alternativo de pim pam pum, puños arriba. Anda, coño, Tere y Manu. No, no fui el domingo al Día de la Música, no me lo preguntéis más que ya bastante me arrepiento y la gente no hace más que ponerme cara de pez cuando lo confieso. No tenía ganas, a veces pasa. Que yaaaa, que Caribou muy guay, y la Janelle también. Vamos a tomar un heladito, por caridad.

The New Raemon tira de Telecaster y se marca una actuación simpática con canciones sobre ganas de morir y perros ahorcados. Esta que viene es muy bonita, dice, antes de agarrarte el corazón y estrujártelo mirándote a los ojos. Y no, no te voy a dar la púa porque estoy tocando, bromea. "Es absurdo que me la pidas ahora, luego". Esto lo espeta un tipo que sale a tocar con americana, una locura, te pasas. All Time Low no llegan a tocar a tiempo, andan perdidos por Burgos y un colega se queda sin la entrevista pactada. En su lugar tocan Autumn Comets, que están bien, pero el público, mayoritariamente adolescente en ese instante ante el escenario, esperaba otra cosa. Con las mismas, se gira y se larga. Los que se quedan se sientan. Pues están bien, venga, vamos a comprobar cual es su historia. Demasiado tranquis para un festival, es que este tipo de bandas en estos eventos...

Nuevo cambio de escenario para ver a Foster the People, que molan un huevo, son bailones y estos sí que me pegan. Antoñito y su gemelo sentencian: muy Primavera Sound, molan. Rubén se acuerda de Enter Shikari y Mando Diao por motivos diferentes. Tras media horita intensa vamos al escenario de L.A. pero no vamos a repetir lo bien que lo pasamos. Acaban los mallorquines y se escucha a lo lejos el 'Hot for Teacher' de Van Halen. Como un perro de presa me pongo alerta. Anda coño, los Sum 41, cierto, mira cómo rockean. Acto seguido también remedan a Metallica. Ya sólo por estos dos homenajes me caen bien. Ellos no se consideran a sí mismo punks y, vaya, lo demuestran. Nos da tiempo a verles un rato y el caso es que se lo montan de puta madre.

Pero es que tenemos prisa para encontrarnos con Mr. E y sus Eels. Una locura de concierto, genial, en otro nivel, por momentos te acuerdas de James Brown, otros de Billy Corgan, otros de ZZ Top. Un tipo toca el saxo y toca recordar una vez más a Clarence Clemons. Ya no hay E Street Band, estoy realmente obsesionado con esta putada. Pero vale, ahora no va de eso el tema. Me hace gracia estar al lado de mi facultad de Periodismo, ese lugar en el que no me enseñaron nada y que sólo logro quitarme las ganas para siempre de hacer vida académica, y escuchar un himno noventero como Novocaine for the Soul. Un compositor como la copa de un pino este Mr. E, una banda que te cagas que toca todos los palos en directo y que te despista constantemente. Básicamente son rock, de acuerdo, pero se les va, se les pira constantemente, y esa capacidad de sorpresa es fabulosa.

Dios bendiga al creador del Whatsapp, el mejor invento desde la rueda. Ya estamos todos, aunque la pena es tener la certeza de que no va a durar. Y esta vez es culpa mía, que me declaro aquí y ahora fan de My Chemical Romance. A mi me gustan. A lo mejor estoy mayor para ellos, a lo mejor no me pegan, pero tienen buenas canciones y a mi su punk rock guitarrero me gusta. 'The Black Parade' me parece un alucine de disco con estribillos certeros y guitarras inapelables. Su último trabajo, 'Danger Days', no llega a ese nivel, pero tiene algunos buenos puñetazos sobre la mesa. Gran concierto, fans entregados, otros sólo curiosean pero mueven la cabecita. Funciona. Ya es noche cerrada y esto se disfruta porque el lugar no se ha llenado ni se va a llenar. Y nos pasamos a copas, y hablamos de cosas peregrinas pero no somos capaces de escucharnos unos a otros, cosa que nos hace mogollón de gracia a pesar de ser un tanto desesperante. Estamos gilipollas.

Yo quiero que Band of Horses me toquen 'Laredo'. Jo, es que es bonita, como 'Stop the Clocks' de L.A. Enlazan ambos grupos, tienen mil conexiones. Pero claro, están a diferentes niveles. Lo de los americanos es llegar y demostrar por qué junto a Wilco y Fleet Foxes son la santísima trinidad del alt-country. O de cómo mierdas quieras llamarlo. Pero es que son de una ejecución tan bella y perfecta que te sientes mal por no estar a su altura. No somos dignos, no somos dignos. Repeat after me: no somos dignos. Cierra los ojos y siéntete un funcionario de la frontera entre México y Estados Unidos. Tenían que haber tocado a las cinco de la tarde, pues su rock sudoroso y desértico así lo reclama. Ellos lo saben, pero no pueden permitir que otros grupos peores les pisen en el cartel. Nos conformamos, aunque no somos de conformarnos, y les perdonamos, aunque no somos de perdonar según qué cosas. No perdonamos a la gente que no lo da todo, nunca.

Por eso nos vamos a ver a Lori Meyers, y enfilamos ya, al fin, la última parte del día, pensando en lo guays y divertidos que son The Hives, Kasabian y The Ting Tings. Pero antes, aaaay antes, Lori Meyers, que tienen también un directo mogollón de molón, y a los que siempre ponen a tocar en los festivales a horas intempestivas. Confieso aquí y ahora que en el SOS de Murcia no llegué a verles porque la jarana me acabó antes. Por eso tenía esa espinita y ya me la saqué. No veais el gusto que da cuando por fin deja de pinchar. Lo pasamos genial, como ya no puede ser de otra manera a estas horas, coreamos y bailamos. La muchachada se ha ido a ver a All Time Low, que lograron llegar, horas después, y andan tocando en el escenario canijo al mismo tiempo. Les queríamos ver, pero en este caso no hay duda con los Lori, que además salen por la puerta grande, como siempre, la duda ofende.

Y aparecen los Zombie Kids para dar carpetazo a una jornada intensa que va camino de las diez horas ya. Nos queda poco dinero pero nos sobra descaro para afrontar lo que sea. Antes de que acaben nos largamos con la música a otra parte y nos da por caminar. La música nos acompaña a lo lejos. Este camino lo he hecho millones de veces, Ciudad Universitaria-Moncloa, imaginando un futuro de triunfo periodístico y miles de proyectos. Todo el distrito retumba desde Cantarranas, la noche fluye y Madrid luce espectacular. Nos cuesta pero, después de arreglar el mundo en conversaciones erráticas, decidimos darnos una tregua. Mañana más y seguramente mejor. Eso depende de nosotros y, conociéndonos, nos superaremos.

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