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  • Una mañana cualquiera y lluviosa, como la de ayer, en un tren con destino a...

    Giu 12 2010, 10:07

    ...quién sabe dónde, contemplaba el paisaje, gris, terrorífico. Había algo de todo aquello que me asustaba, algo que me perturbaba, que invadía esa tranquilidad; no sabía qué era exactamente. Viernes. Doce y siete del mediodía. "Tengo que contarte algo" Pone cara de circunstancias. El tren se tambalea. Me preocupo. "¿Qué pasa? ¿Es malo? ¿Es de...?" Dejo la frase a medio terminar cuando ella asiente con la cabeza y baja la mirada. Relata una historia más o menos verosímil. Cuando termina, me hecho a reír, histérica, sí, pero también asustada, impresionada, sorprendida, aunque siempre se había visto venir. "No puede ser. No me lo creo. Es imposible." Apenas logro articular palabra. Miro por la ventana. A lo lejos, un hombre con el pelo largo escucha música con unos auriculares enormes. Se me saltan las lágrimas, no sé si de risa o de qué. Ella me mira, preocupada. "¿Estás bien?" Claro, estoy perfectamente. ¿Por qué no iba a estarlo? No todos los días se entera uno de una cosa así. Intento cambiar de tema. "¿Qué tal el examen? ¿Qué te preguntó? Hace buen día, ¿eh?" Pero es inútil. Una imagen se me queda grabada en la retina. Homo sapiens. Intento despejar mi mente, poner en orden mis ideas. El tren frena. La estación. Un instante después estoy en una calle perpendicular a la calle Corrida. A media distancia, unos barcos, botes, veleros, yates, barquitas. "¿Quieres oír los detalles?" No lo sé. ¿Quiero? Le digo que sí. Me cuenta cosas que jamás imaginaría. ¿Es malo? No, peor. Huele a mar. Huele a lluvia. Pensé que me afectaría más de lo que me estaba afectando en ese momento. Pero es que por entonces no lo había pensado fríamente. No había reflexionado. Ahora lo he hecho. Y lo único que puedo decir es... ¡maldito HOMO SAPIENS!
  • La segunda mayor incógnita de mi vida.

    Giu 5 2010, 14:00

    Hoy he descubierto uno de los dos (o tres) mayores misterios de mi existencia. ¿Que cuál es? Este: desde hace mucho, mucho, y cuando digo mucho, es mucho tiempo, me preguntaba cuál sería una canción que dice algo así como: na na na, na na na, na na na na na na na. Pero claro, ¿cómo buscas eso en Internet? Puse eso y me salió una de los Kaiser Chiefs. Le pregunté a todo el mundo, pero nadie me sabía dar una respuesta satisfactoria. "Sí, a mí también me suena", o "Sí, creo que es de un anuncio de coches". Pero eso no me ayudaba para nada. Hace un mes, o dos, resolví la primera incógnita de mi vida, la de la postal de aquel museo holandés que compré en el 2002, que mostraba el cuadro de un caballo azul con un paisaje al fondo, de estilo expresionista. Intenté dar con el pintor, pero nada. Casualmente salía una fotografía de otro cuadro parecido en el libro de plástica de hace dos años o tres, y el pintor era Franz Marc. Años después, más exactamente hace dos meses, estaba haciendo un trabajo de imagen con un collage de cuadros impresionistas, expresionistas, pop-art, etc... y por total casualidad encontré el cuadro. Der blaue rieter. Franz Marc. Que aparte de ser dos cuadros de este pintor, era el nombre que recibió un grupo de artistas expresionistas, Kandinsky y Marc, aunque también Paul Klee y Macke, y otros que no conozco. Pues en aquel momento me sentí genial, pero sabía que había otra incógnita por resolver y que no sería feliz hasta hacerlo. Y es que hoy estaba mirando música por casualidad en Spotify, y me puse a escuchar, totalmente al azar, un grupo de bandas, entre las que figuraba The Fratellis. De repente, mientras ordenaba la mesa, oigo esa melodía tan familiar: na na na, na na na, na na na na na na na, que en realidad es algo así como: tu ru rú, tu ru rú, tu ru ru ru ru ru rú. Entonces empecé a saltar de alegría, y hasta lloré, sí, lloré por una puta canción que me había estado atormentando desde hacía años. Chelsea Dagger. The Fratellis. Ahora ya puedo dormir en paz. Ah, y mi padre tenía razón, salía en un anuncio de Neox y en otro de la TVE de fútbol.
  • Pues no sé.

    Mag 20 2010, 18:57

    Esta mañana había mercadillo de EJE en el parque San Francisco, pero aunque yo soy de imagen fui igual. Me dediqué a vender unos barquillos por ahí, pero llegué a la conclusión de que soy una pésima vendedora. Total, que fui por ahí a ver qué puestos había y lo único que compré fue un calendario porque me había comido las pastas de aquellos chicos, y bah, eran majos y me daban pena. Luego lo vendimos todo y se fue todo el mundo, pero como yo tenía que ir a comer a casa de mi abuela me quedé un rato charlando con los chicos de las pastas, porque me aburría. Pero hacía muuuuucho calor y ya me estaba cansando eso de estar dando vueltas por ahí todo el rato, así que me fui a un lugar recóndito y sombreado donde Nadie me encontrase ni me molestase (véase Villa Magdalena) y Nadie me encontró.
    Y luego, por la tarde, en clase de piano, estaba yo tocando la Arabesca nº1 de Debussy, cuando llegué a una conclusión, que lo cierto es que era importante, pero ya no recuerdo cuál, sé que tenía que recordarla, pero bueno. Y luego Pilar, mi profe, me dice: "¿no sientes una sensación agradable tocando esto, no te encanta tocar esto, no es algo encantador tocar esto?" Y ¿qué estaba tocando? Estaba tocando: re fa# la do#. ¡RE FA# LA DO#! ¡Cuatro notas! ¡Cuatro notas de mierda! ¿¡Qué voy a sentir yo tocando re fa# la do#!? ¡Nada! ¡Nada de nada! Entonces es cuando le digo que tocar re fa# la do# no es algo que me guste hacer cuando llego a casa, no es algo en lo que piense todo el día, no es algo que esté en mi lista de prioridades, y entonces es cuando ella me dice que si no siento nada entonces debería dejarlo porque entre el instrumento y el instrumentista debe haber una interacción, una sincronización, y que si entre el piano y yo no la hay, no hay nada que hacer. Así que nada. Estoy muy cansada y mañana tengo examen de funciones.
  • El misterio de la señora sonriente.

    Mag 19 2010, 18:18

    Hoy procederé a relataros la historia de la señora sonriente. Ante todo, la señora sonriente no es un personaje de ficción. La señora sonriente es una anciana blanquipeluda que vive a unas millas de mi casa. Siempre que paso en coche por ahí, está sonriendo, SIEMPRE. Llueva, granice, o haga sol. Siempre está sonriendo. La leyenda de la señora sonriente es muy mítica en mi zona. Al menos, para mi hermana y para mí. Yo quise pensar que sonreía porque era feliz, no porque chochease o porque la dentadura postiza le hiciese tener la boca abierta siempre, o porque un alien había llegado y la había hipnotizado para que sonriese durante toda su vida. Alguna vez, de hecho, sólo una, la saludé, como quien no quiere la cosa. Pero es que hoy pasó algo con la señora sonriente. La historia se remonta a mucho tiempo antes (a las cuatro y media del día de hoy) cuando no me acordaba de que mi hermana había quedado para ir a la piscina, por lo que no tuve tiempo ni para preparar la cámara ni las tablaturas ni para enjuagarme la pasta de dientes (tuve que tragármela con el consiguiente dolor de esófago) ni para coger un cinturón ni la cartera ni las gafas de sol, que estaban secando porque se me cayeron al wc. Así es que estuve haciendo el mono hasta las cinco y media, que fuimos a ensayar. Y entonces, decidimos recoger porque teníamos muuuuuuuuuuchas cosas que hacer, y a mi madre se le ocurrió la brillante idea de llamarme porque no había llevado dinero para el autobús, pero resulta que no tenía suelto, así que Carmen y yo nos fuimos a ver el piso de sus abuelos para la fiesta del sábado, y a comprar galletas, y ya eran las seis menos cuarto y como yo nunca cojo el bus no sé a qué hora pasa así que opté por estar allí mucho tiempo esperando, aunque pasa cada hora. Entonces miré esos carteles con luces que hay en las paradas y decía que quedaban 17 minutos, pero resulta que tiempo después me di cuenta de que ese no era el bus de ir a casa, que era el de ir a casa Tati, así que luego leí que quedaban 58 minutos para el que sí me lleva a casa. Es que me lío con el 3 y el 5 porque ambos son impares y ambos son los que cojo cuando cojo el autobús. Total, que llamé a mi madre para que me fuese a buscar, y cuando subíamos a casa nos encontramos con una amiga de mi madre delante de la casa de la señora sonriente y resulta que son familia, y lo de la señora sonriente es sólo un mito, no tiene nada en la dentadura, ni la hipnotizaron los aliens ni está chocha, vale, es mayorcita, pero controla. Resulta que se llama Luz o algo así y que su nieta se va a casar pasado mañana o algo. Así que la señora sonriente sólo sonríe porque es feliz, y ya está, no por otra cosa. Y desvelados uno de los misterios más importantes de mi vida, los otros son los de: ¿qué pintor y en qué museo vi yo ese cuadro de un caballo azul de culo que tengo hasta una postal, y parece que es de Amsterdam pero no lo sé? pues resulta que se llama Franz Marc, expresionista, uno de mis pintores favoritos, que formó Der Blaue Reiter con Kandinsky y que está muy bien, y el otro misterio es ¿cuál es esa canción que es: na na na, na na na, na na na na na na na, na na na, na na na, na na na na na na na? Mi padre dice que salía hace muchos años en un anuncio de coches, pero no sabe cuál. Y hasta que alguien me resuelva la duda, esperaré. Y tenía otro gran misterio existencial, pero ya se me olvidó.
  • Yo nunca hago cosas inútiles.

    Mag 18 2010, 19:05

    Yo nunca hago cosas inútiles. Hacer cosas inútiles es de inútiles. Yo valoro, observo, experimento y compruebo. Yo pienso lo que hago. Controlo. NUNCA hago las cosas sin pensar. ¿Nunca? Eso excluye lo que he estado haciendo recientemente. Pero ya no voy a seguir haciéndolo. Se acabó lo de intentar encontrarte por la calle accidentalmente (como en la canción de Franz Ferdinand, The Dark of the Matinée. Se acabó lo de dar vueltas, y vueltas, y vueltas, y vueltas, recorriendo las calles que conocemos sólo por si por casualidad me topaba contigo. Bueno, salvo los lunes, los martes, los miércoles, los jueves, y algunos viernes, que seguiré haciéndolo (es un vicio). ¿Por qué? Pues porque me he hartado. Es que no sé ni por qué me gustas. En serio, es una tontería. No tiene sentido. No es ÚTIL. ¿Matarías a tu mejor amigo para salvar a una persona, a diez, a mil, o a la humanidad? Típico dilema utilitarista. ¿Lo harías? Yo, sin dudarlo. ¿Por qué? Pues simplemente porque es ÚTIL. ¿Es útil lo que estoy haciendo? No. Para nada. Es una pérdida de tiempo y una completa estupidez. No tiene sentido. Por eso tengo que pararlo. Parar el tren antes de que se cepille a la anciana que está cruzando la vía con los ojos vendados y a paso de tortuga. ¿Salvaré a la anciana? No. Probablemente no. Pero lo intentaré. La anciana ya ha vivido mucho. Puede morir. No pasa nada.
    Nuestro profe de cámara nos odia. Peeeeeeeeeero me da igual. Pienso estudiar un montón para que se quede con la cara de: ¿ah? y que se fastidie.
  • El Sol. Esa gran bola amarilla y brillante que flota en el cielo.

    Mag 17 2010, 13:45

    Esta mañana me desperté 38 minutos y 15 segundos antes de lo debido. Pensé que mi padre se había quedado dormido, pero luego me di cuenta de que eso era imposible. Es mi padre. Es puntual.
    38 minutos y 10 segundos después de esta reflexión, sonó el despertador. Así es que subí la persiana, y lo que inundó mi habitación fue una luz embriagadora. El Sol. Ya lo echaba de menos. El Sol lo puede todo. ¿Acaso se descubrió el fuego en un día lluvioso? ¿Acaso Cleopatra ordenó construir las pirámides sin consultar antes al dios Ra? ¿Acaso Gavrilo Princip mató al Archiduque Francisco Fernando bajo un cielo encapotado? No. Es el poder del Sol. Y al verlo ahí, asomando entre las dos colinas que se ven desde la ventana de mi cuarto, pensé: hoy será un gran día. Aunque el Cola-Cao estaba demasiado caliente.
    Cuando voy en coche hacia el instituto siempre escucho Hoy empieza todo. Y nada más poner la radio, ¿qué sonó? pues Monday, de Wilco. La canción de los lunes. Pero no de todos los lunes. Sólo de los grandes. De los maravillosos. De los bonitos. De los alegres. En definitiva, de los que a mí me gustan. ¿Será hoy un gran día? Quien sabe. Aún quedan ocho horas y veinte minutos. Hay tiempo de sobra.
    Esta tarde iré a leer al parque. Julio Rodríguez. Mi autor favorito. Bueno, no. Mi poeta favorito. Bueno, tampoco. Mi poeta español favorito. Sí, eso está mejor. Mi poeta español favorito. Coordenadas. Probablemente mi poema favorito. O cualquiera de Naranjas cada vez que te levantas. Porque me encanta el zumo por la mañana.
  • Chocolate con churros.

    Mag 16 2010, 11:30

    Nunca tuve un blog serio y decente. Y probablemente nunca lo tendré. Suelo escribir, a menudo, cosas en mi agenda. Pero sólo son anotaciones, para recordar lo que hago, porque luego se me olvida. Deberes, conciertos, canciones, frases, cosas que me pasan, dibujos que hago en clase del Cerdi cuando me aburro...
    Pero como sé que esto no lo va a leer nadie nunca, puedo escribir cualquier cosa. Por ejemplo, ayer íbamos a ir a ver Arizona Baby. Como no empezaba hasta las nueve y media, fuimos dar una vuelta y a tomarnos un chocolate con churros. Pero nos entretuvimos y llegamos tarde. BASTANTE tarde. De hecho, quedaban dos canciones o así, y nos fuimos. Bah, qué pena, yo quería verlos. Pero tampoco son tan alucinantes. De todas formas, el chocolate mereció la pena.
    Esta tarde salí al jardín a dar de comer a los peces porque me aburría. No los miro mucho, porque lo único que hacen es dar vueltas y vueltas, y ya está. Pero hoy mi padre había segado el prao y estaba toda la hierba flotando, y los peces (Willy I, Willy III, Willy IV y Willy V) se andaban persiguiendo unos a otros, ¡y uno hasta dio un salto a modo delfín! Tengo que ir a visitarlos más a menudo.
  • ¿Qué es eso? Queso

    Mag 15 2010, 13:29

    Hola. Esta mañana me levanté, subí la persiana y me pregunté: ¿qué es eso? y diréis: ¿qué era? y yo os digo: era... ¡QUESO!
    Luego desayuné y me fui a ver Dora la Exploradora. En este episodio Dora quería salvar un príncipe de una torre con una bruja. No me enteré muy bien porque ya estaba casi acabando. Pero cuando Dora preguntó: how many steps are there? señalando a un montón de rectángulos azules, yo pensé: ¡Doce! y Dora comenzó a contar (one, two, three,...) y en efecto, ¡había doce! Y lo dije totalmente a boleo.